Hablemos de identidad

17.07.2018

Cuando los docentes y alumnos de los profesorados de la Ciudad de Buenos Aires, se enteraron de la propuesta de unir todas las casas de estudio en una, muchas fueron sus preocupaciones: puestos de trabajos, planes de estudios poco claros; pero una de ellas destaca por su particularidad intrínseca, algo que sólo los años lograron construir y lo único que es señalado como una futura pérdida irremplazable: la identidad.

La identidad es definida, en términos generales, como la concepción y expresión que tiene cada persona acerca de su individualidad y acerca de su pertenencia o no a ciertos grupos. El rasgo que se considere decisivo para la formación de la identidad cambia según las culturas y periodos históricos.


Su construcción implica un proceso subjetivo que forma la conciencia del individuo como un sistema de autoevaluación de sus potencialidades, capacidades y debilidades, lo que le construye un sentido de unicidad personal y pertenencia a su sociedad.


Imagen disponible en Pensarlaescuela.com
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Las instituciones educativas, precisamente por los procesos de socialización, son productoras de identidades, sean políticas, económicas, sociales o culturales. Todas ellas, unas más que otras, generan, en mayor o menor grado, identidades colectivas y sentidos de pertenencia.

Una variable muy importante para el logro de una identidad colectiva se refiere al estatus que la colectividad posee comparativamente con otras, con respecto a ciertos logros (nivel de vida, desarrollo humano, cultura reconocida, organización social adecuada, condiciones de vida notables, calidad democrática, poder, entre otros).


Cada profesorado constituye en sí un símbolo cultural que se convierte en un símbolo individual cuando en él apelan las emociones. Dentro de la comunidad educativa y cada alumno que aspira a la docencia sabe previo a anotarse que cada casa de estudio le ofrecerá una dinámica particular, hará foco en valores y necesidades distintos, dando la posibilidad de elegir aquello con lo que uno se sienta más cómodo e identificado.


Algunas de las instituciones a destacar por su consolidada identidad, cuyas características y símbolos se vienen cultivando desde hace más de 100 años, son: el Joaquín V. Gonzalez (desde 1904), el Sofía Spangenberg (desde 1957), el ISEF Romero Brest (desde 1906), el Conservatorio Superior de Música "Manuel de Falla" (desde 1919), entre otros.


Actualmente, más allá del consenso que intente lograrse con respecto al proyecto, incluso aquellas partes que demuestran una actitud flexible y abierta al diálogo, admiten que no hay manera de salvar el aspecto identitario de cada institución. Por más que los edificios sean conservados como sedes, la unicidad en materia de programas y reglamentos hará que aquellas particularidades con el tiempo se disipen. 


La pregunta a responder es: ¿será un sacrificio que valga la pena hacer?


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